
Hace meses que no escribo. Se debe a que he tenido un año duro encuanto a cambios se refiere. Cuando hablo de cambios, no solamente me refiero a el hecho de regresar de un año casi sabático viviendo en Bangkok, en un estado Zen como estar en una nube, para de pronto regresar a una cruda y casi irreconocible Madrid, apaleada por la recesión económica, sino también a que me doy cuenta que el cambio climático me está afectando anímicamente mucho.
Este invierno ha sido extremadamente lluvioso y largo, helado.
Y luego llegaron los golpes de calor y los vientos africanos que te quemaban la cara.
Ayer me costó dormir por que hace demasiado calor para esta época del año. Creo que tengo que empezar a pensar que tengo que acostúmbrame por que es lo que hay y cada vez irá a peor. Lo bueno del caso es que yo, como nómada innato que soy, siempre puedo volver a liarme la manta en la cabeza y regresar a los trópicos, dónde se vive mucho mejor.
De todas formas, estoy inmerso en un año de cambios.
Mi vida ha dado un giro inesperado, y muy positivo. He cambiado de carrera y ahora soy profesor de inglés como lengua extranjera.
Sigo creando universos imposibles y diseñando con mi pintura digital, (eso nunca lo podría dejar de lado).
Ahora pongo en balance lo que ha sucedido y lo que está por venir. Para mí, el año nuevo comienza en Septiembre u Octubre, de vuelta de las vacaciones. Hay que afrontar regresar a la monotonía del trabajo y esperar con ansia que el calor nos de un poco de tregua. Hay que diseñar tu nuevo año con tus expectativas y llegar a cumplirlas.
Por lo de pronto miro la vida pasar. Y de vez en cuando espero en silencio una señal ajena a mí para indicarme por dónde hay que ir.
Hoy en el cielo no hay ni una nube pero yo sigo esperando que llueva, aunque sea sólo un poquito para que refresce y que limpie una atmósfera tan cargada.
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